Dos años se convirtieron en dos días en mi nueva habitación. Después de todo, nada de lo que planeé logró concretarse por completo: Objetivos, metas, tareas. Todo quedó a medias: el espíritu, el cuerpo, la mente y su operadora: yo. No dejo de imaginar, ¿Qué piensan mi yo del pasado y mi yo del futuro cuando voltean a verme? Claro, sé que se burlan de mí. No existen y aún así, aquí están, haciéndome compañía mientras intento resolver como siempre, mis problemas a solas. Parece que han estado aquí sólo para recordarme las razones por las que he decido abandonar la partida tantas veces. Y ahora después de tanto pensarlo creo que encontré la constante: Estos errores de los que no he aprendido, me han dejado infértil. Les he dado tanta agua que han florecido más que cualquier otra cosa en mi jardín. Se han convertido en la hierba mala que enraizó por debajo de mi cuerpo. Y con el tiempo me dejó sin semillas; me dejaron de crecer nuevas ideas. Se alimentó de mis esp...