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4:00 am

Desde lejos, mi llamado no logra escucharse; se confunde con el ruido del tiempo y el pasar de los días. Personas que se atraviesan en medio y distorsionan el mensaje, y el mensaje nunca llega. Tus oídos distraídos sólo escuchan la tormenta. Ahí donde vives llueve cada día y no puedes oírme (¿Aún quieres oírme?), y el llamado vaga como las hojas perdidas en el viento; te llamo pero no respondes, te alejas y entonces también me alejo, porque me da miedo aceptar que nunca estuviste para mi. 

El mar

El mar aún se escucha cuando pongo mi oído en tu pecho. Sé que extrañas los días largos y al viento, pero no quieres volver. Cuando me levanto y me miras fijo, veo en tus ojos el agua salada que intentas mezclar con los recuerdos más felices que has tenido conmigo, pero en el fondo sabes que yo llegué después.

Feliz cumpleaños.

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Lo intento todos los días, creer que estás bien, que me quieres lejos; intento alejarme. Me bastó escuchar tu voz esta noche para darme cuenta que estás lejos de desvanecerte y no pude evitar llorar después. Aún te necesito, más de lo que esperaba, mucho más de lo que quisiera. Hoy es tú cumpleaños y después de todo no estuvimos juntos. Te extraño.

Lunes

Terminó. Lo supe desde el momento en el que decidí revelar mi identidad. Sentí que después de haber llegado tan lejos, era momento de dejar mi sombra y materializarme en la persona que jamás pensaste que sería. Quería que me vieras como yo te veía desde hace tiempo. Quería comenzar a ser. Fuiste luz en los días solitarios en los que descansaba mi alma, y me gustaba cómo se sentía la nostalgia mientras te veía mirar hacia la nada; estabas tan muerto como yo. Y ahora, siendo lo que soy, te digo hola cada mañana, pero ya no eres el sueño. Ahora que puedes verme, no puedo sentirte.

Cruce de miradas

De pronto caminó hacia mi. Pensé que, como siempre, sólo pasaría a mi lado. Pero hoy fue distinto. Paró en medio de las jardineras, distraído. Susurraba una canción mientras miraba el cielo y movía sus manos. Con discreción me miró de reojo, y yo simplemente no lo entendí. No entendía lo que estaba pasando. El ruido se apagó. Sólo éramos él y yo. Y yo no pude dejar de verlo; Sus ojos, su piel. Comencé a registrar en mi memoria cada detalle de su rostro. Bajo el sol, pero frío. Así lo sentí.

No sé de jardinería

Dos años se convirtieron en dos días en mi nueva habitación. Después de todo, nada de lo que planeé logró concretarse por completo: Objetivos, metas, tareas. Todo quedó a medias: el espíritu, el cuerpo, la mente y su operadora: yo.   No dejo de imaginar, ¿Qué piensan mi yo del pasado y mi yo del futuro cuando voltean a verme? Claro, sé que se burlan de mí. No existen y aún así, aquí están, haciéndome compañía mientras intento resolver como siempre, mis problemas a solas.  Parece que han estado aquí sólo para recordarme las razones por las que he decido abandonar la partida tantas veces. Y ahora después de tanto pensarlo creo que encontré la constante:  Estos errores de los que no he aprendido, me han dejado infértil. Les he dado tanta agua que han florecido más que cualquier otra cosa en mi jardín. Se han convertido en la hierba mala que enraizó por debajo de mi cuerpo. Y con el tiempo me dejó sin semillas; me dejaron de crecer nuevas ideas. Se alimentó de mis esp...